La cercanía al profesor mejora el rendimientola web del estudiante

La cercanía al profesor mejora el rendimiento



   

Un estudio de la Politècnica demuestra que la posición en el aula influye en la nota de los estudiantes y que quienes tienen un nivel similar tienden a sentarse juntos.

Los estudiantes con más interés en la asignatura se colocan en los primeros bancos del aula mientras que los que tienen menos ganas de prestar atención se van al final. Ésta es una de las conclusiones del experimento «Factores exógenos que intervienen en el rendimiento académico de los alumnos», realizado por los profesores Carlos Herrero, Marisa Llorens, Javier Oliver, Josep Silva y Salvador Tamarit, todos ellos del Departamento de Sistemas Informáticos y Computación de la Universitat Politècnica de València.

Los docentes partían de las premisas observadas en el día a día pero querían una conclusión contrastada con datos. Registrando la posición de cada alumno tanto de las aulas de teoría como en los laboratorios, a través de la Aplicación de Apoyo a la Docencia, del 8 de febrero al 3 de junio de 2011 analizaron una muestra de 219 estudiantes, lo que suponían 2.132 asistencias, de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería del Diseño y de la de Ingeniería en Informática de la Politècnica.

«La posición en el aula sí que influye en la nota de los alumnos», señala una de las conclusiones del informe, presentado esta semana en las V Jornadas de Innovación Docente de Informática. «En los grupos de teoría, las notas de los estudiantes que se suelen sentar más adelante superan las de los que se sientan más atrás», añade.

Uno de los investigadores, el profesor Herrero, indicó que el análisis, impulsado por Josep Silva, demuestra que bastantes jóvenes, sobre todo en el primer año y al principio de curso, se sientan de forma más dispersa, porque no se conocen entre sí, y luego lo hacen en grupos con los mismos compañeros. Además, «los que tienen un nivel similar, tienden a sentarse juntos», indicó.
En lo que respecta a los grupos de laboratorio, los estudiantes que se sientan de manera más aislada, que son aquellos que trabajan solos y sin distracción, obtienen mejores calificaciones que los que se colocan en zonas con más concentración de sus propios compañeros.

Modificar la forma de las aulas
La influencia exógena del lugar elegido para seguir la clase llega a influir, incluso, en el absentismo. «Al pasar el meridiano del primer tercio del curso, la mayoría de los alumnos que no se van a presentar a examen ya han dejado de asistir. Y cuanto más propensos a dejar la asignatura son, más atrás se sientan en el aula», subraya otra de las conclusiones. Es como si estos alumnos «se escondieran», reconoce el profesor Carlos Herrero.

A la vista de estos resultados, el coautor de la investigación se muestra partidario de un cambio en la distribución o la forma de las aulas actuales. Por ejemplo, los espacios muy alargados, en donde caben muchos bancos que se pierden al final, o las clases que se imparten de forma magistral sin dar opción apenas a la intervención de los estudiantes. «Lo ideal sería tener los menos alumnos posibles, pero todo depende de los recursos económicos. El Plan Bolonia nos pide grupos reducidos pero luego tenemos 70 personas en clase», apunta.

Tampoco es la mejor forma de hacer prácticas en los laboratorios en los que hay 40 estudiantes y 20 ordenadores, con lo cual hay dos alumnos por cada máquina. «Al final, trabaja uno y el otro va a remolque», concluye el profesor Carlos Herrero.

En su opinión, y mirando a la docencia que se imparte en países del norte de Europa, «la mejor distribución es la que se lleva a cabo en aulas con niños en las que están colocados alrededor del profesor. En las nuevas construcciones de centros no se ha pensado en eso; las aulas tienen la forma tradicional».

 

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