El arte de copiar en los exámenes se reinventa y ya lo hacen hasta los buenos alumnosla web del estudiante

El arte de copiar en los exámenes se reinventa y ya lo hacen hasta los buenos alumnos



   

En España el término más utilizado es “chuleta”, en Colombia se dice “pastel”, en Argentina “machete” en México “acordeón”, en Perú se les llama “plagias”, en Chile “torpedo”, en otros países se les denomina, copialinas, comprimidos o chivos….

Para algunos, estas palabras pueden resultar anticuadas. Sin embargo, la era digital las ha envuelto de innovación. A los balbuceos en voz baja, las fórmulas y palabras claves escritas con lápiz en reglas, las manos e incluso las nalgas, ahora se suman los mp3, los móviles, los pinganillos, los reloj-chuleta, los bolígrafos digitales en clase para aprobar los exámenes sin estudiar. Con todo, un estudiante con un poco de habilidad en el manejo de Google, no lo tendrá nada complicado para encontrar en la red dispositivos específicos para copiar en los exámenes.

Las nuevas tecnologías están contribuyendo a que la modalidad crezca en todo el mundo. Así lo afirman informes recientes de Estados Unidos, que muestran un aumento en la cantidad de estudiantes que se copian en el momento de ser evaluados. Es más: las chuletas 2.0 no sólo son usados por malos alumnos; también alcanza a los más sobresalientes.

En una encuesta realizada en los últimos cuatro años a casi 62.000 estudiantes de licenciatura de 96 universidades, dos tercios de ellos admitieron haber copiado. El sondeo lo dirigió Don McCabe, un profesor de la Universidad Rutgers de Nueva Jersey que ha estudiado el comportamiento académico y que contribuyó a la creación del Centro para la Integridad Académica de la Universidad de Duke, en Carolina del Norte.

En 2007, 34 estudiantes de primer año de la Escuela de Negocios de la Universidad de Duke (Carolina del Norte) colaboraron conjuntamente para llevar a cabo un examen y varios trabajos, 24 de ellos fueron sancionados con suspensión o expulsión.

Este mismo año, la prestigiosa Universidad de Harvard ha investigado a 125 estudiantes acusados de plagio en un examen final, el caso más escandaloso al respecto en la historia reciente del prestigioso centro. “Casi la mitad de los estudiantes en una clase de más de 250 son sospechosos de copiar de manera conjunta y de intercambiar respuestas”, según Jay Harris, decano de Harvard.

Un reciente estudio de Jeffrey Roberts y David Wasieleski, de la Universidad Duquesne, en Estados Unidos, señala que a mayor cantidad de herramientas online permitidas a los alumnos para una tarea, más probabilidades hay de que los estudiantes copien el trabajo de otros.

Precisamente, los centros universitarios en el Reino Unido han comenzado a tomar cartas en el asunto y pagarán a los que copian con la misma moneda: se están comenzando a dotar de alta tecnología para detectar móviles y otros dispositivos electrónicos que son utilizados en los exámenes.

Los especialistas señalan las razones: copiar es cada vez más fácil y tolerado, y ni las instituciones educativas ni los padres han transmitido a los estudiantes mensajes fuertes y reiterados sobre qué está permitido y qué está prohibido. De alguna manera quienes copian en un examen lo hacen como atajo para satisfacer a otros (la escuela, los padres, la sociedad e incluso el centro educativo) y sólo intentan conseguir un título, vacío de conocimientos, no toman conciencia del desafío de cambiar ideas gracias a la introducción del conocimiento.

“Si los chicos se copian es porque los docentes solicitan trabajos que se pueden resolver copiando contenidos”, dice Marcela Czarny, de Chicos.net. Para la especialista ya no tiene sentido pedir trabajos que soliciten contenidos. Es poco probable que la solución pase por aumentar los controles, chequeos, inhibidores de frecuencia, cámaras de videovigilancia, o incluso detectores dentro de las aulas, sino más bien por cambiar el tipo de examen. “El rol del docente debe pasar por promover un análisis crítico, una selección inteligente, comparaciones y conclusiones basadas en la información dada”. En definitiva estudiar no debe ser un acto de consumir ideas, sino de crearlas.

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